La alimentación en el Paleoindio

De Patrimonio Alimentario
Revisión del 19:14 21 jun 2016 de Esteban (discusión | contribuciones)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Los primeros pobladores

La primera migración a las Américas ocurrió en una época en las que las poblaciones humanas eran nómadas y consumían lo que encontraban en el camino, buscando siempre un equilibrio nutricional en su dieta. Cuando las primeras poblaciones de nuestra especie salieron de África hace unos 150.000 años, poseían ya una cultura alimentaria muy adaptable que incluía la caza con lanzas; el trampeo y recolección de animales menores e insectos; la pesca con anzuelos y redes; la captura de mariscos y moluscos; la recolección de raíces suculentas, frutas frescas, hojas tiernas, nueces, semillas de frutos y granos, savias vegetales y miel de abeja. Estos alimentos se asaban directamente al fuego, se tostaban en piedras calientes, se fermentaban en recipientes como las calabazas o sacos de cuero, y algunas de las semillas se molían. Ni la alfarería ni la metalurgia se habían desarrollado aún. (Gremillon, 2011).

Actualmente se considera que América fue poblada inicialmente por dos grupos humanos. Los primeros habrían llegado desde el sudeste asiático hace 14.000 o 16.000 años, bordeando las costas en canoas. Racialmente eran distintos de los actuales habitantes de esa región: no tenían rasgos mongoloides, eran los ancestros de los polinesios y melanesios. Su cultura alimenticia estaba orientada principalmente al aprovechamiento de recursos de mar y de litoral. Descendieron con relativa rapidez bordeando el litoral del Pacífico en sus embarcaciones y se asentaron en núcleos de fácil aprovechamiento de estos recursos, desde Norteamérica hasta Tierra de Fuego, para penetrar luego lentamente hacia el interior. Los segundos habrían sido cazadores procedentes de Siberia y el noreste asiático, de raza mongoloide, que cruzaron el estrecho de Bearing por tierra hace unos 12.000 a 14.000 años y se difundieron por el interior hacia el sur. (Stothert, 2011; Mann, 2005).

No se conoce con exactitud el origen ni las características específicas de los primeros pobladores del Ecuador (Holm y Crespo, 1980b; Stothert 2011). Lo más probable, a juzgar por los restos encontrados, es que hayan llegado ambos grupos.

Los pescadores llegaron primero, asentándose en los riquísimos ecosistemas litorales de manglar, estuarios, sabanas y bosques. Las investigaciones realizadas en la península de Santa Elena revelan que a su llegada, al final del Pleistoceno, el cambio climático del fin de la glaciación wisconsiniana provocó variaciones dramáticas y muy rápidas en el perfil de la costa y en la vegetación, a las que aquellos pioneros tuvieron que adaptarse. Para ello poseían canoas, redes, arpones, anzuelos, trampas. Recogían concha, caracoles, cangrejos, camarón; pescaban. A su alcance estaba la impresionante diversidad de frutas nativas, algunas raíces suculentas, y otros productos vegetales. Esta cultura, denominada Las Vegas, dejó sus restos hace 11.000 años (Stothert 2011). Los restos de los animales consumidos encontrados han permitido realizar una semblanza de su aporte alimenticio: del total restos de alimentos animales encontrados en Las Vegas, un 46% corresponde a piezas de caza, un 30% a peces y un 24% a moluscos (Holm y Crespo, 1980b). No se encontraron huellas significativas de animales procedentes de mar adentro, solo de las costas, manglares y estuarios.

El segundo grupo, formado por cazadores nómadas, pudo haber llegado por el piedemonte amazónico o directamente por el callejón interandino. La huella más antigua de su presencia está constituida por puntas de lanza y de flecha en la zona de El Inga en Pichincha (Holm y Crespo, 1980b). La finura y precisión con que están fabricadas estas piezas nos indica el alto desarrollo técnico que habían logrado y sobre todo el tiempo que dedicaban a su fabricación, lo que a su vez nos permite ver la importancia que la cacería tenía en su alimentación.

El callejón interandino en esa época era muy distinto del paisaje que conocemos hoy. Hacia el final de la glaciación los hielos aún se extendían en los flancos de las montañas, formando en las dos cordilleras muros blancos que llegaban a tocar los valles. Se estima que el límite de las nieves perpetuas estaba en esa época en los 3.200 metros sobre el nivel del mar, aunque se han detectado evidencias de que la laguna de Iñaquito (actual parque La Carolina, en Quito) es de origen glaciar, formada por un río de hielo que descendía desde el volcán Pichincha hasta el valle a 2.800 msnm. En Guangopolo (Pichincha, 2.400 msnm) y Sibambe (Chimborazo, 2.240 msnm) los glaciares llegaron incluso más abajo. (Hidalgo, 1998).

Los valles aledaños a los glaciares estaban cubiertos por praderas de hierbas y matorrales bajos, pues el clima era más seco al estar acumulada la humedad en los hielos eternos.

Una extraña fauna caminaba sobre estas llanuras cubiertas de pastos, tanto en la sierra como en la costa. Estaba compuesta por mastodontes, perezosos gigantes, armadillos gigantes, tigres dientes de sable, gliptodontes, los antepasados de los caballos y de los camélidos andinos. Las condiciones extremas causadas por el recalentamiento del planeta provocaron en algunas zonas una mayor sequedad que acabó con los pastos, mientras que en otras la humedad creciente favoreció el desarrollo de inmensas florestas. Los grandes animales del Pleistoceno lucharon por sobrevivir, por ejemplo migrando en masa hacia el litoral, pero a la final fueron incapaces de adaptarse. Hace 6.000 años la mayoría de ellos se había extinguido, dejando como sobrevivientes a las dantas, camélidos andinos, venados, osos de anteojos, jaguares y pumas (Ficcarelli et al, 2003).

No hay duda de que nuestros ancestros cazaron la megafauna del pleistoceno, ya que se han encontrado restos que lo demuestran en Santa Elena, pero hasta que punto fueron una de las causas de su extinción es algo que desconocemos. La tecnología y habilidad para la caza no están en duda: poseían lanzas pesadas con finas puntas de piedra, arcos y flechas, y los lanzadardos o atlatl: una pieza de madera terminada en un gancho, sobre la que se coloca una javalina que se propulsa haciendo un movimiento de palanca y que miles de años después demostraría que podía penetrar las corazas de acero españolas.

A medida que la megafauna se extinguía, los cazadores continuaron sus prácticas con otros animales que aún subsisten. Los restos de cacería encontrados en la cueva de Chobsi, en la provincia del Azuay, y que corresponden a 10.000 años antes del presente, incluyen: conejo, oso de anteojos, paca (agutí), perdiz, perro, puercoespín, tapir (danta), venado y zarigüeya (raposa). (Holm y Crespo, 1980b).

Orígenes de la agricultura

El desarrollo inicial del cultivo ocurrió en algún momento de este periodo, probablemente en las zonas bajas de la costa. Carl Sauer formuló ya en los años cincuenta una serie de principios lógicos que señalarían condiciones ideales para que se origine la agricultura en una región geográfica; la costa del Ecuador cumple con todos ellos. A saber: 1) abundancia de recursos alimenticios silvestres; 2) elevada biodiversidad; 3) alta diversidad de pisos climáticos y ecosistemas; 4) presencia de zonas boscosas; 5) predisposición cultural, por parte de grupos humanos habitantes de bosques (los pueblos cazadores no tendrían la misma predisposición); y 6) vida sedentaria o semi sedentaria (Sauer, 1952). Esta elucubración teórica se ve sustentada por la gran diversidad y antigüedad de los restos arqueológicos de cultivos encontrados en la costa ecuatoriana.

En la primera mitad del siglo veinte el sabio ruso Nikolai Vavilov formuló la teoría de que toda especie doméstica tiene un centro geográfico de origen, y que en este centro la diversidad de variedades o razas de dicha especie es mayor. Sus viajes de estudio le permitieron definir 8 centros de alta diversidad de especies en el mundo. Estos son: Mesoamérica, región Andina, Mediterráneo, Etiopía, Medio Oriente, Asia Central, India y China. (Pollan, 2001). Desde entonces muchos estudios han tratado de ubicar el origen de tal o cual especie en uno de estos centros, a menudo con éxito aunque en ocasiones hay mayor diversidad de plantas en centros secundarios. También se ha discutido mucho la conformación precisa de estos centros, para tener mayor precisión biogeográfica: por ejemplo, la India y China comparten áreas del Sudeste Asiático, que algunos estudiosos consideran es en realidad la región que da la gran diversidad de especies originarias a estos dos países, y que debería ser tratado como una región de origen integral.

La discusión sobre los centros de origen en las Américas es especialmente compleja. Continuamente se descubren nuevos lugares de origen para especies que se creían ya definidas. Las investigaciones recientes señalan de hecho una gran dispersión en los centros de origen en el continente, lo que podría tener una explicación en torno a una especie no alimenticia, sino utilitaria: la calabaza de mate, Lagenaria spp. Por mucho tiempo se creyó que este recipiente primitivo era de origen africano, y habría llegado flotando hasta las costas americanas donde sería redescubierto por los pobladores ya asentados. Pero recientes investigaciones parecen demostrar que la planta es originaria del Sudeste Asiático, y que los primeros pobladores americanos habrían migrado con ella (Piperno, 2011). Eso significaría que estos primeros pobladores conocían al menos los rudimentos del cultivo, y que estarían preparados culturalmente para iniciar el proceso de domesticación vegetal en tiempos mucho más tempranos de lo que se suponía. Al expandirse por los bosques tropicales del continente sus descendientes habrían identificado con facilidad y domesticado con relativa rapidez aquellas plantas que encontraban aptas e interesantes. Este proceso pudo haberse dado en más de una ocasión y en regiones geográficamente distantes para una misma especie, por ejemplo la yuca o la papa. A pesar de ello, se mantienen 3 centros importantes de domesticación en el continente: Mesoamérica, Andes y sur de la Amazonía. En el caso de los andes proponemos una subdivisión entre Andes ecuatoriales o de páramo y Andes centrales o de puna, pues son sistemas biogeográficos muy distintos, fácilmente identificables.

Pero, ¿cómo surgió la agricultura? No contamos con datos exactos, solo con conjeturas. Una de las teorías que podría adaptarse a la realidad biogeográfica del país es la de las composteras o basurales orgánicos. En las zonas de abundancia los grupos humanos se establecían por periodos que iban de meses a años. En estos campamentos la basura era colocada a un costado donde no incomodara. La acumulación de basura orgánica genera un proceso conocido como compostaje (del inglés compost), donde la materia orgánica se transforma aceleradamente por descomposición orgánica en tierra fértil. Algunas semillas y partes vegetales arrojadas en estos basureros pudieron germinar o desarrollarse, mostrando a las recolectoras la posibilidad de tener plantas alimenticias cerca del campamento. Según esta teoría, serían las mujeres las que habrían comenzado a experimentar trayendo pedazos de raíces, ramas, frutos y semillas para sembrarlos en los alrededores del campamento. El resultado es una horticultura tropical donde los límites entre la huerta y el bosque no están muy definidos, con una escala de aprovechamiento de recursos que permite la subsistencia del grupo. Este tipo de producción todavía existe con algunas variantes en las zonas tropicales del país.

Otra opción, incluso más sencilla, sería la observación por parte de las recolectoras de los ciclos vegetales en los bosques, orillas de ríos y zonas inundables, y su intento por replicar la germinación o la reproducción vegetativa de las plantas silvestres. (Sauer, 1952) De cualquier manera, el primer paso estaba dado: las mujeres de los bosques costeros desarrollaron un sistema complementario de producción de alimentos, que permitió un mayor sedentarismo y acumulación de recursos, y que con el tiempo iría ganando importancia y transformaría drásticamente el paisaje natural. Había nacido la agricultura.

En resumen, para el periodo paleoindio o precerámico tenemos una evolución en la cultura alimentaria. Ésta es distinta en la costa y en la sierra e inicia con:

- En la costa, pesca y recolección de recursos del litoral y bosques aledaños: peces, moluscos, crustáceos, caza, frutos, raíces suculentas, algunas hojas tiernas y semillas. - En la sierra, caza mayor y recolección de algunos frutos, raíces y hojas tiernas disponibles. La mayor disponibilidad de recursos en la zona costera lleva al desarrollo allí de los primeros cultivos, que permiten la expansión tierra adentro.