Sistemas agrícolas de la amazonia

De Patrimonio Alimentario
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El sacerdote dominico Gaspar de Carvajal fue el primer cronista en describir la Amazonía desde el punto de vista europeo. Acompañó la expedición de Gonzalo Pizarro al este de los Andes, en busca de El Dorado, y continuó con Francisco de Orellana cuando éste decidió abandonar a Pizarro y navegar hasta la desembocadura del Amazonas.

La crónica de Gaspar de Carvajal fue objeto de muchas críticas a lo largo de los siglos; se creyó que había alterado sus observaciones para favorecer a Orellana y fortalecer su petición de licencia por parte de la corona para conquistar y colonizar la vasta Amazonía. De Carvajal habla de numerosas poblaciones; una de ellas, en la desembocadura del río Tapajós, se habría extendido por más de 160 kilómetros. Muchas otras poblaciones son mencionadas en la crónica, lo que da la idea de una región densamente poblada.

Orellana murió en su segundo viaje al Amazonas y el proyecto de colonización fue abandonado. En los siglos siguientes, los europeos fueron penetrando lentamente por varios frentes en la Amazonía, y donde quiera que fueron no encontraron más que densa jungla y pequeños grupos humanos. Esta evidencia visual bastó para confirmar los temores de que Gaspar de Carvajal había inventado quimeras. Entrado el siglo XX, los trabajos de arqueólogos como Betty J. Meggers en el Ecuador y en otros países de la cuenca (Amazonia: Man and Culture in a counterfeit paradise, Meggers, 1996) llevaron a la formulación de una teoría científica del poblamiento de la Amazonía:

1. El suelo amazónico es muy pobre. A menudo no tiene más de diez centímetros de tierra fértil, el resto es arcilla. Esto se debe a la alta y permanente humedad de la región.

2. La única forma de cultivo en un suelo así es la roza y quema: se tumba la vegetación en el área donde se desea cultivar, y aprovechando un día seco se prende fuego a la vegetación tumbada. La mayor parte de la materia orgánica se pierde, pero un porcentaje se transforma en sales minerales solubles que pueden ser aprovechadas por los cultivos. En un período corto, de un par de años, está sales minerales son lavadas por la lluvia y ya no se puede cultivar más. La parcela debe ser abandonada por años para que el suelo se pueda recuperar.

3. Tumbar el denso bosque Amazónico con herramientas de piedra es una ardua labor; por otro lado este sistema no es muy productivo y destruye rápidamente los suelos.

4. Debido a estas características, la dificultad de conseguir alimento tuvo que haber impedido el desarrollo de grandes culturas en la Amazonía. Los grupos humanos debieron estar limitados a unas 50 personas. Todo intento de urbanismo o habitación intensa habría terminado rápidamente con los recursos disponibles en el entorno.

Esta visión fue acogida con entusiasmo por los conservacionistas extremos, pues apoyaba la idea de que no puede haber convivencia entre la población humana y los frágiles ecosistemas Amazónicos, y la única política posible para proteger los prístinos y naturales bosques de la región es la exclusión total de todos los grupos humanos, incluyendo los indígenas.

El esfuerzo global por conservar la Amazonía no dio los frutos esperados y la deforestación avanzó inexorablemente, destruyendo el más grande santuario de vida en la Tierra con versiones avanzadas del sistema de roza y quema, apoyado por motosierras, maquinaria, agrotóxicos y ganadería extensiva. Pero este desastre tuvo un efecto inesperado: a medida que se retiraba la densa capa forestal, más y más sitios arqueológicos iban emergiendo. Para finales de la década de los noventas, el enorme volumen de evidencia física obligó a un cambio radical en la visión histórica de la región. Se hizo evidente que la cuenca Amazónica estuvo densamente poblada en tiempos prehispánicos, con varias culturas de alto desarrollo social, político y económico, con extensas redes de comercio, con obras de ingeniería de gran amplitud. Gaspar de Carvajal fue reivindicado. Pero siguiendo a Meggers y sus colegas, quedaba aún una duda importante: ¿cómo se lograba alimentar una población tan alta con los magros recursos alimenticios impuestos por el sistema de roza y quema? La respuesta vino de dos fuentes.

En primer lugar, el descubrimiento de suelos fértiles profundos, llamados “terra preta” por los campesinos brasileños que literalmente sacaban volquetas de este material en algunos sitios del bosque, para abonar sus campos de cultivo. Los arqueólogos encontraron en estos lugares restos de carbón vegetal y a menudo restos de cerámica. Hoy no hay duda de que estos suelos fueron creados artificialmente, y se calcula que cubren aproximadamente el 10% de toda la cuenca Amazónica, un enorme territorio. El secreto para la producción de este suelo milagroso es la introducción de trozos de carbón vegetal en el suelo arcilloso de la Amazonía: el carbón actúa como un catalizador de fertilidad, atrapando nutrientes y humedad, y sirviendo como refugio para bacterias y hongos benéficos. En lugar de roza y quema para producir ceniza, hablamos de roza y carboneo: solo una parte del dosel se tumba, se acumula la leña en montones y se quema a fuego lento para producir carbón, sin dañar el suelo. El experimento se ha reproducido exitosamente en todo el mundo y ha ingresado al repertorio de técnicas de la agroecología con el nombre de “biochar”.

En segundo lugar, el mapeo botánico del dosel forestal Amazónico revela una altísima densidad de una cierta palma, Bactris gasipaes, la chonta o chontaduro. Está distribuida prácticamente por toda la cuenca. Y lo asombroso es que no se trata de una especie silvestre, sino de una planta modificada por el largo proceso de domesticación humana, a partir de su ancestro silvestre, la Achontilla. Lo que significa que donde quiera que la chonta se encuentre, hay o hubo pobladores humanos que la plantaron.

Es interesante notar que si bien la chonta parece ser originaria de la Amazonía sud occidental, una de las zonas de mayor diversidad genética está en el sur de la Amazonía ecuatoriana. Allí se asentó una cultura poco estudiada, la cultura Mayo Chinchipe, contemporánea de la cultura Valdivia, y que tiene el registro más antiguo para el uso culinario de cacao, con 5.500 años de antigüedad.

La chonta produce anualmente más calorías por hectárea que el maíz. Pero es reacia al monocultivo: crece bien en policultivos forestales, es decir, rodeada de otras especies forestales de distinto tamaño y funcionalidad. El proceso de siembra aún es recordado por algunos campesinos en el Ecuador:

1. La familia se introduce en el bosque con shigras o bolsas llenas de semillas útiles, como maíz, frijol y calabaza, que proceden a lanzar en todas direcciones. 2. Posteriormente se corta toda la maleza o sotobosque, antiguamente con hachas de piedra. El material vegetal cortado cubre las semillas que anteriormente se lanzaron. 3. La familia analiza los árboles presentes, que ahora se pueden distinguir con claridad. Elige que árboles es necesario mantener, para alimento, fibra o madera. Los que no son considerados útiles, se tumban, creando claros en el bosque. 4. En esos claros se siembran plantas útiles, con una clara preponderancia de una especie en particular: la chonta doméstica, Bactris gasipaes. (Clínica Ambiental. (2014). Taller de bosques comestibles. Lago Agrio: Clínica Ambiental.)

El tipo de cultivo resultante es un módulo agroforestal complejo, que la Permacultura ha bautizado como “Bosque Comestible”. Un bosque comestible imita al bosque natural en sus funciones ecológicas importantes, pero reemplaza muchas de las plantas silvestres con especies domésticas o semi domésticas útiles. Tiene normalmente 7 pisos productivos: raíces, herbáceas, arbustos, árboles pequeños, árboles medianos, árboles grandes y trepadoras/epífitas. Suele ser muy diverso, y tener una abundancia de recursos alimenticios vegetales. Debido a esto y a que sus guardianes humanos controlan las poblaciones de animales mediante la caza en períodos específicos del año, hay también una abundancia de animales que se multiplican en el bosque comestible, un porcentaje de los cuales son aprovechados como alimento. El bosque comestible puede producir altas cantidades de alimento, sin necesidad de tumbar todo el bosque, sin necesidad de desarrollar la laboriosa crianza de animales, manteniendo la estabilidad ecológica y la fertilidad del suelo.

Si este sistema fue utilizado a lo largo de 13.000 años, como sostienen algunos autores, significaría que la Amazonía no es un bosque natural y prístino. La mayoría de arqueólogos y antropólogos están de acuerdo hoy en día que la cuenca Amazónica contiene en realidad un bosque Antropogénico: creado por el ser humano. Sus creadores, los antiguos habitantes de la Amazonía, fueron diezmados por las enfermedades traídas del Viejo Mundo; los sobrevivientes, entre el 1% y el 10% de la población original, quedaron como náufragos en un océano verde, tuvieron que renunciar a los aspectos más complejos de sus culturas, reducir su población a pequeños grupos capaces de subsistir de la selva, y cambiar sus complejos métodos agroforestales por el sistema de roza y quema; y hoy en día por la ganadería, el turismo y los servicios a las petroleras.

Esta historia nos deja una lección fundamental para el futuro de la Amazonía y del planeta. Nos demuestra que poblaciones humanas de alta densidad y desarrollo cultural pueden subsistir sin degradar en un ecosistema tan frágil como el amazónico; que pueden por el contrario construir fertilidad y sostenibilidad ecológica a largo plazo. Confirma la vocación agroforestal de la región; nos dice claramente que la roza y quema es innecesaria y la ganadería y el monocultivo no tienen sentido ni futuro en la región. Nos da la fórmula para el éxito económico y ecológico, ligando la conservación del bosque y sus especies con el desarrollo de policultivos útiles de valor comercial; el desarrollo de una gastronomía autóctona con el desarrollo de un turismo de naturaleza; y sobre todo ligando al desarrollo de la región con el respeto a las culturas amazónicas y sus habitantes originarios, herederos y herederas de una de las más impresionantes civilizaciones en la historia humana.

Javier Carrera, Red Guardianes de Semillas del Ecuador. (Texto autorizado por el autor).